Fernando Noy

Por Damián Giovino (@DamianGiovino)

Es uno de los artistas más multifacéticos de la cultura argentina: poeta, actor, cantante, escritor, dramaturgo, letrista, dibujante, intérprete, periodista, productor, bailarín. Transitó un camino de profunda intensidad, viviendo absolutamente de todo y compartiendo con grandes leyendas del país y Brasil. Referente del Hippismo, Tropicalismo y el Under. Singular e imposible de definir, hizo de él mismo su propia creación. Un alma libre y ermitaña que vive en estado de poesía y amor. Humanizamos a Fernando Noy, dueño de un magnetismo a flor de piel.

-Algunos viven solo para acumular riqueza material, un camino monótono y vacío. La riqueza superadora es las experiencias, los afectos cosechados, las emociones, los viajes. Vos parece como que viviste 15 vidas en una sola. ¿Es ese tu gran patrimonio?

-Sí, así es. Tuve la suerte de vivir diversas décadas. Tuve el privilegio de ser hippie en el tiempo del ´Amor y Paz´. Descubrí ese mundo nuevo entrado los años 60. Yo era un chico intelectual, estudioso y todo ese puterío, y de pronto empecé a ver pasar gente muy maravillosa, extraña, extravagante, que eran los hippies (como Miguel Abuelo, Marta Minujín, por ejemplo) y me fasciné. Me escapaba mucho, también, hacia el Instituto Di Tella, porque me interesaba todo lo que allí se montaba, y los artistas que había. Divagaba, jugaba, naufragaba por allí. Luego me tuve que ir del país por el Proceso Militar y todo ese delirio que llevaba a la maldita represión constante, contra los gays sobre todo. Me fui a Brasil, a Salvador de Bahía, y ahí viví durante diez años lo que se llamó el ´Tropicalismo´, un paraíso; con Caetano Veloso, Gilberto Gil, Gal Costa. Cuando regresé a Argentina me introduje en el ´Under´, con Humberto Tortonese, Batato Barea, Alejandro Urdapilleta.  Me tocó vivir en la libertad de la poesía, que es infinita.

“El tiempo es virtual, Federico vivió 36 años e hizo una obra tremenda. Hay gente que vive 100 años y no sirve para una mierda”, expresó en charla con ´Humanizados´ Marcelo Moura, integrante de la legendaria banda ´Virus´, Sobre su mítico hermano.

-Si bien es cierto que los artistas dejan un legado perenne de mucha genialidad en poco tiempo, también así de vertiginosa se precipita sus vidas en muchos casos. O llegan a grandes en mal estado. Vos pudiste trascender el tiempo y sobrevivir a todo. Seguís vigente. ¿Es algo que agradecés?

-Lo valoro, claro. Me alegra. Yo también contribuí para llegar hasta hoy en día en buen estado. Me cuidé sabiendo cuáles drogas son a favor y cuáles en contra; las verdaderamente perjudiciales nunca me gustaron. La marihuana me parece genial, y por eso muchos la prohíben, porque si no, ya no habría laboratorios ni farmacias; todo está en la naturaleza, pero aislado del ser. Me mantuve y me mantengo por la genética rara que tengo de mezcla de irlandeses con catalanes, franceses, italianos. Me crie en el Sur, con pasión por los indios. En verano me voy a Bolivia en donde hay lugares increíbles de belleza, de silencio, de creatividad. El peso del tiempo, para mí es el beso del tiempo, porque no me ha destruido todavía. En breve tendré 70 años. Aunque a veces el bienestar es aparente, hacia el afuera, porque por dentro siempre hay laberintos de heridas que no se cierran.

-El sistema nos prepara para ser buenos productores y buenos consumidores. Nos educan para ser súbditos, no tener pensamiento propio y vivir dentro de la matrix. El artista es todo lo contrario, un alma libre que va flotando por la vida…

-El sistema es perverso y malsano. La gente pierde las mejores horas del día encerrado trabajando casi que siendo explotado. Yo soy insoportablemente productivo, pero no trabajando ocho horas para otro, metido en una maldita telaraña. Es muy triste ver las multitudes amontonadas en las horas picos en la ciudad, con caras cansadas. Siento una gran piedad por esa gente, me angustia verlos. Ver cómo está la humanidad, da pena.

-Para ese sistema, un artista se convierte en una amenaza, porque no lo pueden ´robotizar´, ya que es disruptivo, psicodélico, cuestiona, ridiculiza, provoca, crea nuevos mundos, rompe con el statu quo…

-Claro, y por eso los bajan y los destruyen, los endemonizan. Lo han padecido muchas figuras. Alejandra Pizarnik fue una de ellas; tenía una antorcha luminosa en el cerebro, era tan genial que los demás complotaban contra ella, quedó abandonada por la mediocridad humana. Urdapilleta al final de su vida ya no podía estar con nadie, porque no soportaba la humanidad tan deplorable. Los grandes creadores siempre fueron cercenados, pero la historia canta sola la verdad y siempre dice quién fue el genio.

Un artista dentro de la sociedad y la vida cotidiana, es un bicho raro e incomprendido. Es por eso que no encaja ni se identifica con casi nada a su alrededor. Posee mucha sensibilidad y sufre tanta oscuridad del mundo. Así es que se vuelve ermitaño y se refugia en sí mismo, o canaliza, muchas veces, con malas compañías como la droga. Son muchísimos los ejemplos en la historia de artistas que padecían la vida con un andar depresivo y aislado.

-Tener un talento artístico o mucha genialidad, es un privilegio del universo, pero, ¿hasta qué punto ese don no es la propia cruz con que carga?

-Totalmente. Es muy difícil ser genial y mantenerte en tu lugar intacto. Hay muchas amenazas contra la gente brillante. Mucha necedad. Se hace ´Dios, Patria y Hogar´ que es la trinidad maldita, porque te devora, porque no te incluye, porque te destruye. Han matado, socialmente hablando, a muchos grandes personajes. Muchos se mueren de tanto dolor y sensibilidad.

-¿Has tenido que tener mucha valentía para elegir vivir siempre a tu manera?

-No fue valentía, fue audacia. Ser leal a uno mismo, yo no me puedo mentir ni traicionarme a mí mismo. Prefiero aislarme socialmente, ser ermitaño. No quiero ver ´morir´ a la gente en lo cotidiano, en su día a día, en sus pequeñas pelotudeces. Para muchos no queda otra porque así es el engranaje del mundo, que se considera perfecto, pero creo que está errado en sus normativas.

“He vivido infinidad de tragedias, me expuse al peligro y a la violencia, pero en vez de debilitarme, fortalecí mi espíritu. Sin furia, sin ferocidad. Fui un luchador contra la estupidez humana y contra la represión. Viví y vivo en mi anarquía lírica de paz y amor. Me refugié en la creatividad, en mi poesía”, declaró alguna vez Fernando.

-Como decía Confucio: “Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad”.

-Claro. El estado poético es como un músculo que hay que desarrollarlo. Aunque no parezca, en la nada y en lo invisible, hay multitudes de seres que nos sostienen, apuntalan y acompañan; pero no se ven. Los artistas podemos sentir esas presencias. Ojalá el planeta se salve de tantas maldiciones, que no sé si no vienen del propio ser humano, o, mejor dicho, del ser inhumano. La biblia habla de que el hombre es el lobo del hombre. Si el problema existe, no hay que rajar del él, hay que lograr que el problema raje de nosotros. Si se identifica un drama, hay que buscarle la solución o una vuelta.

-Sos absolutamente multifacético. Imposible definirte, encasillarte, etiquetarte. Rompés con cualquier molde…

-Soy como una especie de metamorfosis perpetua y caminante. Me voy trasmutando. Estoy feliz de tener siempre un asombro por lo que me toca vivir o morir. No le doy tanta importancia a la pérdida, y de pronto una pérdida se vuelve un hallazgo. Hago del pasado un futuro.

-Los momentos de soledad son transcendentes; allí uno se auto conoce, hace introspección, disfruta de su propia compañía. Sin embargo, mucha gente le tiene pavor a eso…

-Exacto. La verdadera soledad es un lujo multitudinario e invisible. Los que no reparan en eso, son los que hicieron que el mundo esté como está, que esté temblando en su eje toda la órbita. Aún hay gente que logra recordar el perfume de un jazmín. Hay que ser pura energía, puro éter, contemplación, ofrenda; eso te hace estar en paz.

 

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